¿De dónde saca la gente la energía para seguir trabajando, día tras día, en nuestra anhelada solución? Del apoyo de la familia, los compañeros, los amigos, los alumnos actuales y antiguos, sus padres… De la confianza en que tenemos la razón de nuestro lado, del trabajo de los miembros de la Coordinadora, de la inercia que dan 155 años de buen trabajo, de la esperanza que genera un proyecto educativo que forma parte de nuestras vidas… Y, también, del constante trabajo de los cerebros pensantes detrás de Colegio en lucha. Mirad si no la postal que han colgado hace unas horas.

Cómo no, acompañada de una reflexión tan meditada como incisiva:
Desde la Coordinadora nos llegan buenas noticias de que los trabajos en el Plan de Viabilidad son fructiferos, que estrujándose un poco la cabeza, la ordenación de la parcela da para bastante más que una mera recalificación urbanística con cierre del Colegio. La Coordinadora, con muy pocos medios, pero mucho entusiasmo y tesón, presentará en breve una alternativa de ordenación para la parcela de la Compañía de María, que demuestra que es compatible la conservación de un Colegio remodelado y más adecuado a las necesidades actuales, con el desarrollo de una área residencial y de una zona de aparcamiento público.
A partir de ahora, quienes son beneficiarios, promotores o consentidores de la actual propuesta de especulación sobre la parcela, pueden continuar negándonos la palabra, cerrándonos las puertas, o incluso darnos complacientes palmaditas de apoyo y comprensión, pero les vamos a poner enfrente una REALIDAD APLASTANTE: O no quisieron o no supieron encontrar un proyecto de interés general para la ciudad y para la educación cristiana. Dicho de otro modo: O solo supieron o solo quisieron encontrar una burda operación de especulación urbanística con la que desmantelar uno de los corazones culturales y educativos de la ciudad.
¡Y lo que es peor! Ahora están cansados, o no tienen tiempo, o carecen de capacidad de gestión sobre el problema, como para dignarse a escucharnos, a sopesar alternativas y a trabajar juntos en un proyecto digno para esta ciudad. No necesitamos poner nombres y apellidos a quienes han fraguado una extraña operación que les ha llevado al agotamiento más insensible.
Desde aquí queremos que sepan, que saldrán, saldrán también con nombres y apellidos, con siglas o con logotipos, y no cesaremos hasta que la verguenza de su callado silencio salga a la luz en cada rincón de esta ciudad y de este país.